jueves, 28 de agosto de 2014

LA NUEVA NOVELA: PRENSA INTERNACIONAL

Alfredo Pita novela la guerra en Perú
en El rincón de los muertos

Agencia EFE

David Blanco Bonilla
Lima, 21 ago.- El horror de la guerra que asoló a Perú en las últimas décadas del siglo pasado es descubierto por un periodista español en las alturas andinas de Ayacucho en "El rincón de los muertos", la nueva novela del escritor Alfredo Pita.
Ganador en 1999 del Premio Internacional de Novela Las Dos Orillas con su novela "El Cazador Ausente" (1994), Pita relata en casi 500 páginas la travesía de descubrimiento del español Vicente Blanco, quien en 1991 llega a Ayacucho, donde traba amistad con dos colegas peruanos.
Textual Editores, Lima, 2014.
El autor, quien reside desde hace tres décadas en Francia, declaró a Efe que empezó a escribir esta obra a partir de "materiales que tenía de antes", ya que estuvo en Ayacucho como periodista en 1983, el mismo año de la masacre de Uchuracchay, en la que fueron asesinados ocho colegas, dos de los cuales eran amigos suyos.
"Ayacucho, después de mi experiencia de 1983, nunca me ha abandonado, ha sido una especie de herida o de cosa extraña que ha quedado dentro de mí, supurando y no dejándome vivir plenamente, por las razones entendibles: la pérdida de los amigos, los cadáveres de extraños que he visto en esa época", señaló.
Esta visión que le dio la guerra y la implacable realidad de la muerte le impusieron al escritor "una obligatoriedad moral, en el testimonio de que si has visto algo no tienes derecho a callar".
"Para la gente que quería ver, que era mi caso, las cosas estaban clarísimas: había empezado un proceso de guerra sucia, que se había ya lanzado, Uchuraccay no era más que el primer botón de lo que se venía y ese proceso era evidente que se iba a embalar en forma exponencial", remarcó.
Durante el proceso de escritura de su novela, publicada en Lima por el sello editorial Textual, Pita tuvo que enfrentar "las enormes dificultades de una realidad complejísima para los ayacuchanos mismos" y fue por ese motivo que decidió crear un narrador que pasara por un proceso "de iniciación y de descubrimiento" que le permitiera "hablar de Perú y sus contradicciones."
Vicente Blanco, su personaje, es español "por la identidad cultural, que de todas maneras existe, la cuestión del lenguaje, y además la verosimilitud de su interés cultural, político", explicó.
En la novela, tras pasar unos días en Lima, el periodista parte a Ayacucho, donde se relaciona con dos reporteros, a los que busca por recomendación de un amigo peruano que reside en París, y con los que afronta una guerra que por esos años era prácticamente invisible.
"Es un viaje de descubrimiento de la complejidad del horror", acotó Pita antes de decir que el protagonista "se encuentra con que la guerra en Ayacucho es una guerra casi invisible, que se da en la oscuridad de la noche, que las víctimas no son soldados, que están las barreras del idioma, del desprecio social."
"Mi protagonista se acerca a Ayacucho en 1991 para presenciar prácticamente los últimos coletazos de la resistencia informativa, no me había propuesto al comienzo hacer una novela de periodistas, pero me he dado cuenta, acabándola, que he hecho una novela de reporteros", dijo.
Pita, que en Perú es considerado un autor de culto, reconoció que las buenas críticas que está recibiendo su nueva obra le producen "un sentimiento muy grato" ya que, en su caso, está "acostumbrado a la receptividad limitada o a una especie de aceptación a regañadientes" que su trabajo anterior ha tenido.
"Creo que estamos en un momento de liberación de medios, que están en este momento creándose y recreándose, ya no hay los grandes autorizadores, el gran periódico, el gran suplemento que dictamina, creo que es un momento de liberación del creador y es también un momento de emancipación del lector", comentó.
Alfredo Pita, nacido en Celendín, en el norte de Perú, también es autor de los libros de cuentos "Y de pronto anochece" (1987), "Morituri" (1991) y "Extraños frutos" (2010), de los poemarios "Hacia los valles" (1966) y "Sandalias del viento" (1995), del libro para niños "Un pequeño capitán" (2002) y del libro de memorias "Días de sol y silencio. Arguedas: el tiempo final".

 21/08/2014

viernes, 15 de agosto de 2014

EL RINCÓN DE LOS MUERTOS: LA REPÚBLICA

La República, Revista Domingo, Entrevista
Lima, domingo 10 de agosto de 2014
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 La violencia vuelve a acechar
con otros ropajes
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Alfredo Pita.

Alfredo Pita. Escritor y periodista. Nació en Celendín en 1948. Ha publicado cuentos y poesía. Vive en París y trabaja para la agencia AFP. Con el nuevo sello 'Textual' ha presentado su novela El rincón de los muertos.

Gabriela Wiener     
Han pasado 31 años desde la masacre de Uchuraccay y más de veinte años desde el cenit de la dictadura de Fujimori y Montesinos. En la bisagra de esos dos hechos se encuentra El rincón de los muertos, la nueva novela de Alfredo Pita, cuya escritura empezó hace diez años pero que suspendió cuando hacer ficción sobre la violencia se puso casi de moda. ¿Por qué ahora? “Poco a poco asumí que era tal vez necesario, que el Perú no había cambiado gran cosa desde la guerra interna y que había que seguir combatiendo el mal, exorcizándolo. Por eso sale ahora, porque pienso que la literatura puede contribuir, a su modo, al proceso de sanación. Al Perú hay que seguir contándole la violencia, cómo nace, cómo se desarrolla, para que no vuelva, para que se vaya, porque me parece que de nuevo acecha, con otros ropajes”.

Hay algunas similitudes entre el periodista Rafael Pereyra y tu propia biografía —como el hecho de haber sido enviado a Uchuraccay poco después de la masacre—, ¿qué tanto de reconstrucción y de memoria hay en la base de El rincón de los muertos? 
Yo soy un escritor que escribe lo que quiere, pero que lo hace como puede, verdad de Perogrullo. En el empeño uso todos mis recursos, incluida la memoria. En El rincón de los muertos parto de hechos reales, pero para triturarlos, para usarlos como materia prima de la ficción. He escrito una novela, no un libro de recuerdos ni un ensayo. Por supuesto, en mi relato hay ideas y convicciones que me son propias en algunos casos, pero no en todos. Hay muchas voces, y a veces muy discordantes.

¿Qué opinión te merece la creación de espacios como el Lugar de la Memoria, en Lima, que intentan crear un espíritu de reconciliación?   
Un memorial para recordar a las víctimas de un conflicto solo puede ser levantado por una sociedad que ha madurado y se ha alzado por encima de sus miserias. El Perú no ha hecho este trabajo, aquí sigue reinando la violencia, en particular la ejercida por los poderosos y por el Estado contra sectores de la población. Nunca como ahora la verdad ha estado tan enajenada, tan expropiada. Pienso en Cajamarca, en gente como Máxima Chaupe y su familia, en los miles de campesinos que ellos representan. ¿Dijiste espíritu de reconciliación?

Como escritor cajamarquino radicado en París, ¿de dónde te sientes más?    
Vivir en el extranjero te reafirma en tu identidad. En mi caso, en París me siento mucho más peruano, cajamarquino, celendino, y hasta escritor, que en Lima. Debe ser por rechazo a la alienación y despersonalización, que siempre amenazan. Uno ve con más facilidad lo esencial, en uno mismo, en los otros.

¿Cuál es tu posición frente al centralismo de Lima, metrópolis supuesta de nuestra literatura?
¿Lima, metrópolis literaria? ¿Qué decirte? No sé cuál es la proporción de escritores limeños y provincianos que ejercen su oficio en el Perú, pero es seguro que la mayoría está en Lima, que sigue siendo hasta ahora el centro de la cultura oficial, una cultura indigente hay que decirlo. En el Perú hay un Ministerio de Cultura, pero el Presidente lo ignora en sus balances. Ahí está dicho todo.

¿No has notado cambios en Lima durante los últimos años?
En realidad no hay que expatriarse para saber que Lima, aún invadida por la masa de provincianos que la ha trastocado, sigue fiel a sí misma, ejerciendo un centralismo asfixiante, una hegemonía que es una maldición para el país. Lima fue capital colonial y sigue comportándose como tal. ¿Debo recordarte que un candidato elegido por el pueblo de izquierda puede ser transformado en dos meses, por Lima, en pelele de las transnacionales como la Newmont o la Telefónica?

Parece que por fin se ha superado la vieja gresca entre “andinos” y “criollos”.
¿Estás segura de que ha sido superada? Lo que ha ocurrido, me parece, es que las condiciones han cambiado. Los señoritos que reinaban en la Lima letrada desde las redacciones de los viejos periódicos ahora están jubilados de sus ímpetus hegemonistas, mientras que los muchachos provincianos que reclamaban espacios ahora se los están inventando.
¿En qué bando estabas tú?
Mis simpatías, por supuesto, en la folclórica polémica, estuvo con los provincianos, pese a que tenía algunos amigos entre los criollos.

¿Cuál crees que es o debería ser ahora mismo el tema de debate principal entre los escritores peruanos?
Los escritores peruanos deberían concentrarse en desarrollar proyectos personales, abandonar todo cálculo y espíritu de capilla y, por supuesto, consolidar el reciente fenómeno de creación de editoriales independientes que se da entre nosotros. Es la única salida. La tecnología y la comunicación lo autorizan y lo permiten, ¿que más pedir?

¿Crees que los periodistas peruanos han estado a la altura de la verdad histórica?
Sí, en particular ciertos periodistas que se compraron el pleito de la búsqueda de la verdad corriendo todos los riesgos. No me lo propuse en forma consciente, pero al terminar el libro debí reconocer que había escrito una novela de homenaje a ciertos reporteros. Creo que el Perú le debe justicia a periodistas como Luis Morales, a Eduardo de la Piniella, a Pedro Sánchez, a los otros mártires de Uchuraccay, a Jaime Ayala. ¿Te parece normal que hoy sea Ministro del Interior un militar comprendido en la investigación por el asesinato de Hugo Bustíos, reportero tiroteado y volado con dinamita?

Completamente anormal y escandaloso. La figura del arzobispo de Ayacucho, Crispín, en la novela, también da cuenta del rol no siempre virtuoso de la Iglesia durante el conflicto. ¿Algún día seremos un estado laico?
Ojalá. Pero eso no viene solo. El Perú ultracatólico, con procesiones masivas y presidentes con hábito morado y besando el anillo del cardenal, es otro remanente del orden colonial. Ahora, una cosa es la Iglesia como institución y otra el espíritu de solidaridad que anida en su base. Pienso en el padre Gutiérrez, en el padre Arana que luchan por un mundo mejor. Pero son una minoría. Por el momento los negros gallinazos siguen volando sobre las torres de la Catedral de Lima.