viernes, 20 de abril de 2012

UN POEMA: En la hora decisiva

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Canto a Celendín


A los jóvenes de mi tierra,
en la hora de su combate decisivo
contra la depredadora minera Yanacocha.


Jóvenes de la Alameda,
De Colpacucho,
Del Cumbe y de las Bajeras,
De la Calle del Comercio y de la Feliciana.
Jóvenes de siempre,
De ayer, de hoy y de mañana,
Ha llegado la hora finalmente,
La hora decisiva, nuestra hora.

Ustedes llevan la bandera,
Ustedes llevan la antorcha
De la justicia
En el corazón y la frente.
Y han sido convocados.
Hemos sido convocados.
Ha llegado la hora
De defender nuestras fuentes puras,
De defender la vida y la tierra entera,
De defender al hombre de los lobos humanos.

Jóvenes de Celendín,
Hijos de la esperanza y de los libros,
Hijos de un sueño herido
Pero jamás abandonado,
Ustedes defienden el futuro
Y el pan limpio de nuestros hijos.
El pan pan, y el pan cielo,
Y el pan agua, y el pan tierra,
El pan de la vida digna y respetada.
El pan nuestro,
Hecho de trigo y de cebada buenos,
Pero también de belleza y de justicia,
El pan nuestro,
Caliente siempre en el horno
De la tarde solar y eterna de cada niño
Al que hoy nos piden traicionar.

Jóvenes de Celendín,
Ha llegado la hora, nuestra hora.
No miren atrás ni a los costados,
No estamos solos en esta hora grave,
Miles de hombres y mujeres de la Tierra
Nos acompañan de cerca o de lejos
Con su aliento y su mirada fraterna.
Ha llegado la hora, nuestra hora.
Nuestra tierra, nuestra patria pequeña,
La madre que nos hizo ricos
Con lo poco que tenía, que era mucho,
Está hoy amenazada por las bestias del cálculo.
Ha llegado la hora, nuestra hora.

Hijos de las lagunas junto al cielo,
De los altos cerros de Jelig y de Tolón,
De Bacón y San Isidro, la colina santa,
Del Huauco bravío y de Huacapampa la bella,
De Molinopampa y Sorochuco altivos,
De los ariscos Jerez, Huasmín y El Sauce,
De los dulces Salacat, Malcat, Pallán y Santa Rosa,
Y de más allá, del Oriente, y también del horizonte,
Donde el día se acuesta cantando sus promesas
De todos los rincones han surgido
Padres, madres, hermanos,
Nuestros viejos maestros con sus libros hechos de luz.

No estamos solos en este combate crucial.
Cueste lo que cueste,
Vamos a fundar el nuevo día,
Un nuevo mundo, sin odio y sin veneno,
Un mundo nuevo donde todos
Podremos beber el agua pura,
El agua agua, el agua limpia de la justicia,
El agua pura de la libertad y la equidad,
El agua pura de la hermandad
Con la que bautizaremos siempre a nuestros niños.

Nuestros padres fundaron nuestro pueblo
Para defender la vida, no para aplastarla,
Para cultivar la tierra, y también la palabra y el espíritu.
Ha llegado la hora, nuestra hora,
De defenderlos también a ellos,
A los viejos soñadores que pensaron
Que nuestro valle era el trozo de paraíso
Que de antiguo les estaba prometido.
Las fieras no van a destruirlo, no lo vamos a permitir.
Nos animan nuestras raíces hondas y fuertes
Además del más puro sentimiento de justicia.
Nos anima un modo de ver la vida que nuestras madres
Nos han dado con su pecho y sus canciones.

Jóvenes de Celendín, hombres y mujeres de mi tierra.
Ha llegado la hora, nuestra hora
Estamos luchando por el agua y la vida
Por el respeto del cielo y la tierra nuestros,
Pero también, que lo sepan todos,
Por nuestra dignidad amenazada.
Y por la dignidad de todo hombre,
Y de toda mujer,
Y de todo niño,
Del grande y del pequeño,
En todo lugar, encumbrado o llano, de nuestro planeta.
Esta es nuestra hora, hermanos valientes,
Esta es nuestra tarea, en esta noche en que aúllan los lobos.


Alfredo Pita
18 de abril de 2012

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jueves, 1 de marzo de 2012

ENTREVISTA: Una deuda filial

La República, Lima, jueves 01 de marzo de 2012

“NOS ENSEÑÓ LA CÓLERA, PERO TAMBIEN LA DIGNIDAD”

Alfredo Pita. El escritor cajamarquino ha publicado Días de sol y silencio, un libro testimonial sobre su amistad con José María Arguedas, autor que a pesar de su ausencia, hoy está, como estuvo ayer, junto a los jóvenes.

Por Pedro Escribano

En Lima. Alfredo Pita en el mítico café bar Cordano, en donde solía reunirse la crema y nata de los intelectuales peruanos.

El libro más reciente de Alfredo Pita, Días de sol y silencio —una incursión en la memoria de una singular amistad, la que unió, hace cuatro décadas, a José María Arguedas con un joven estudiante sanmarquino que no estaba seguro de ser poeta pero que soñaba firmemente con ser escritor—, se vende en estos días en las librerías limeñas, beneficiándose de un comprensible efecto de “boca a oreja” que lo exime de mayor publicidad.
Sin duda la sombra del gran escritor y la curiosidad que despiertan su existencia, su final, la atmósfera de su vida doméstica en sus años postreros, tienen que ver con esta acogida más que positiva, y a la que contribuye también, sin duda, la prosa honesta con la que el narrador cajamarquino elabora su testimonio, sin dejar de lado las impactantes fotografías de Olga Luna, que no hay que vacilar en calificar de históricas y que han sido incluidas en el cuidado volumen (porque esto también hay que decirlo, se trata de una impecable edición de la Universidad Inca Garcilaso).

¿Cómo ocurrió que Arguedas fuera tu amigo?, algunos dicen que era muy huraño.
José María, como todos los seres humanos, tenía muchas facetas. Y con frecuencia era un ser ensimismado, sí. Pero sin duda tenía vocación de maestro y podía ser amigo sincero y directo de los jóvenes. Tuve la suerte de beneficiarme de su amistad.

Como Gardel, José María Arguedas es cada vez más popular. ¿Cómo explicas esto?
Los pueblos y las nuevas generaciones necesitan mitos que los ayuden a comprender el pasado, el presente y que los armen ante el porvenir, sobre todo cuando hay crisis.

Arguedas es muy popular entre los jóvenes, incluso entre quienes no lo han leído.
No es de extrañar. El Perú de hoy, que algunos pintan como disparado hacia el desarrollo, sigue siendo desigual, injusto y cubierto de las viejas taras que explican históricamente nuestro atraso y subdesarrollo. Arguedas es alguien que pensó el Perú en su complejidad e intentó hallar salidas. El respeto de los peruanos de abajo fue su propuesta clave.

¿El escritor, además de artista, es un conductor moral, social…?
Este rol se disipa cada vez más, pero Arguedas lo fue.

¿Como se da esto? Arguedas desapareció y la sociedad ha cambiado...
No tanto como parece. En las relaciones sociales básicas hay desigualdad e injusticia como antes, e incluso más. El discurso sobre las bondades del mercado es hegemónico y deshumanizante. Lo vemos hoy en Cajamarca. El desprecio, el racismo y la segregación han reaparecido con virulencia, aunque disfrazados. Arguedas alentó la reacción. Él nos enseñó la cólera, pero también la dignidad. Por eso su voz suena.

¿Cómo así?
José María, en sus últimos escritos, dijo algo muy claro: que frente al horror social debíamos reaccionar con cólera, nunca con rabia. Este es un fundamento ético que asumen los jóvenes en su lucha cada vez más consciente en pos de una sociedad más justa y democrática.

Tu libro cerró el Año Arguedas, ¿esa fue tu intención?
Ni el libro ni su fecha de aparición fueron premeditados. Yo nunca pensé escribir un libro sobre mi relación con José María, Sybila y su familia. Mi editor, Lucas Lavado, me puso en una disyuntiva grave: “Eres el único escritor peruano que siendo joven tuvo acceso a la familia de los Arguedas. Si tú no dices algo, ¿quién lo va a hacer?” Me hizo el pedido a mediados del año pasado. El libro salió en diciembre.

¿Estás contento con el resultado?
Estoy como de retorno de un viaje a otro mundo y a otra edad, hecho con la experiencia que me ha dado la vida. Estoy contento, además, pues tengo la sensación de haber pagado una deuda filial.

Dato:
Presentación. Días de sol y silencio hoy en el auditorio José Watanabe, de la Feria Internacional de libro en Trujillo, 5 pm.

domingo, 16 de octubre de 2011

CELENDÍN, LOS JÓVENES Y LA MINERA

Publicado en la Pag. de Opinión de La República, 15.10.2011.
Por Alfredo Pita
En los últimos días me han escrito mensajes varios jóvenes de Celendín. Es la primera vez que esto me ocurre en años. Son jóvenes que apenas están llegando a la mayoría de edad. Un sentimiento ciudadano, político, los anima, sin embargo. Les preocupa el futuro, el agua, la destrucción de los ecosistemas de la provincia, la amenaza que intuyen, o que ya entrevén, con respecto a la gran transnacional minera que se está implantando en su tierra.
Esta reacción juvenil es algo nuevo y esperanzador. Durante mucho tiempo la gente que se preocupaba por los muchos problemas políticos, urbanísticos, culturales, ecológicos de Celendín eran maestros, artistas, artesanos y otros ejemplares de mi generación, mejor dicho gente ya madura, por decir lo menos (aunque con un entusiasmo que nos hace pensar que seguimos por los veinte años). Nuestro relativo aislamiento nos preocupaba pues teníamos la sensación de que arábamos en el mar, como Bolivar, de que la apatía de los celendinos era de cemento y de que librábamos batalla casi solos, sin relevo en las nuevas generaciones.
Estábamos muy equivocados. Los mensajes de Diana, Javier, Iris, Jorge, Tania, Michael, Nico, muestran que la vida hace su trabajo aunque se tome sus plazos. Los jóvenes de Celendín, en la ciudad misma o en los distritos, en Cajamarca, Trujillo o Lima, donde estén, se han puesto en marcha y están organizando la red consciente, y subconsciente, de la resistencia, usando a fondo las redes sociales, los blogs, twitter y el correo electrónico.
Mis queridos amigos de la asociación Celendín Pueblo Mágico y de Celendín PM pueden estar contentos y orgullosos, pues, su trabajo precursor, ha sido bueno y productivo, han sembrado en la buena tierra y con la buena semilla. Los jóvenes se suman a su batalla para garantizar los resultados, o, por lo menos, para que los depredadores y los corruptos no se la lleven tan fácil. La minera y sus artimañas, las autoridades corruptas, los cómplices y los indiferentes, que lo tengan en cuenta, un movimiento cada vez más amplio y proliferante les hará frente.
Algunos de los jóvenes que me han escrito, tienen dudas en torno a lo que deben hacer. La minera les habla de inversiones fabulosas, de miles puestos de trabajo, de desarrollo. A la vez saben que el agua de la comarca depende de la lluvia pero sobre todo de fuentes, lagunas y humedales de altura que, si son tocados, se destruirá o envenenará sistemas absolutamente frágiles de alimentación hídrica en los valles y bajeras.
Estos jóvenes, que son estudiantes y que leen, saben lo que ha ocurrido en la provincia de Cajamarca y en la misma ciudad capital del departamento, cuya población hoy está tomado agua del cerro Quilish, que creían pura y preservada, y que en realidad está llena de contenidos químicos, pues antes de que llegue a sus casas ha sido usada por la minera.

La laguna celendina Perol, y otras veinte como ella, desaparecerán por acción de la minera, que necesita el agua para lavar el mineral y los químicos que usará masivamente para extraer el oro.

Cajamarca, a mediados de los años 90, en los días del gobierno sangriento y corrupto de Alberto Fujimori, también creyó que la bonanza estaba tocando a su puerta con la llegada de Yanacocha y con la exhibición del primer lingote de oro, brazo en alto, por el dictador nipo-peruano. Es cierto, en los años siguientes, en la ciudad capital, creció la población, se activo la construcción y el comercio, se activó una cierta vida nocturna y aumentó el números de mendigos, delincuentes y prostitutas. Y eso fue todo.
Cajamarca sigue figurando entre los departamentos más pobres del Perú.
Los jóvenes de Celendín sienten, pues, que hay trampa en lo que les ofrecen, que no les dicen todo, que detrás de las promesas doradas algo los amenaza. Y tienen razón. A ellos les digo que no le crean a la minera, a las autoridades corruptas ni a sus agentes solapados. Hay que buscar y hallar vías de desarrollo que no impliquen la destrucción de la tierra.
A ellos les repito lo que ya he dicho en otro sitio: si los codiciosos nos ponen en la disyuntiva de escoger entre el agua que alimenta la vida de nuestros valles y poblaciones, y el oro que las transnacionales sacan para sí, la opción es fácil, votemos por el agua, por la vida nuestra y la vida futura. Los accionistas de las mineras no toman agua de relaves, ténganlo por seguro.
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viernes, 19 de noviembre de 2010

"EXTRAÑOS FRUTOS" EN EL "POLIDOR", PARÍS


Estupenda composición del gran Francesco Gattoni. En medio, Santiago Gamboa y este servidor. A la izquierda Elqui Burgos y Ricardo Sumalavia, y, a la derecha (con la ayuda del espejo), Patrick Rosas, también ñato de risa.

En esta foto tampoco aparece el fratello Francesco (porque la está tomado, obvio), pero sí figura alguna gente muy querida para mí: Elqui Burgos, Françoise Thuillier, Ricardo Sumalavia, Carlos Dancourt, Santiago Gamboa, Patrick Rosas, este servidor, Laurence Hubert, Angelica Chulak, Eric Elghouzzi, Graciela Chulak, Ramón Menéndez, quien tiene al frente a Aldona Klemas.

Anteayer se presentó en París, en el Salón del Libro, mi libro "Extraños frutos" (Fondo Editorial UIGV, Lima 2010). Como su nombre no lo indica demasiado, el Salón es una linda librería; la dirige Alexandre de Nuñez y es la única que actualmente defiende los colores y las letras de América Latina, de España y del castellano en la luminosa París, donde las librerías están perdiendo la batalla frente a las tiendas de ropa. La velada fue concurrida y muy, pero muy simpática. En torno al libro y a las impresiones de Ricardo Sumalavia, que vino de Burdeos para presentarlo, los amigos se reunieron para arropar y celebrar ese manojo de historias que ya no son mías. Algunos reaparecieron después de años, otros venían desde lejos, Santiago Gamboa desde Italia (para participar en "Belles étrangères", festival literario este año dedicado a Colombia, de cuyo programa se escapó para estar con nosotros), Patrick Rosas desde su castillo de Alençon... Tras la presentación y el vino ofrecido por el Centro Cultural Peruano (Cecupe), algunos nos dirigimos al Polidor, un restaurant mítico, frecuentado en su hora por Ernest Hemingway, Julio Cortazar y otros santos de nuestra devoción. Allí terminamos el festín. A todos los que han querido acompañarme en esta noche especial y, para mí, memorable, toda mi gratitud. A los ausentes, y pienso en ustedes, mis queridos José Manuel Fajardo y Karla Suarez, entre tantos otros, todos estuvieron a nuestro lado, brindando, no les quepa la menor duda.

Fotos: © Francesco Gattoni
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viernes, 1 de octubre de 2010

ELECCIONES: Un voto por el futuro

MI VOTO POR SUSANA VILLARÁN

Por Alfredo Pita
¿Por qué este domingo, desde lejos, votaré, in pectore por supuesto, por Susana Villarán, la candidata del movimiento Fuerza Social para la alcaldía de Lima? Aquí, mis razones.
En 1980, luego que la Constituyente de 1979 revelara el gran campo electoral que había conquistado la izquierda, todas las esperanzas estaban permitidas para que en el Perú, a corto plazo, el campo popular llegara al poder por las urnas, por la primera vez en la historia, reeditando la proeza del socialista Salvador Allende, en 1970, en Chile.
La elección de Alfonso Barrantes, en 1984, como alcalde de Lima, reafirmó esta posibilidad. Barrantes fue elegido por el pueblo no sólo para que resolviera problemas sino también para que paliara una compleja situación de crisis política en el campo popular que comenzaba a dispararse en aquel momento. No lo logró.
La insurgencia demente de Sendero Luminoso, en 1980, y la represión implacable que desató el poder, que se ensañó sobre todo con las inermes poblaciones campesinas de la zona del conflicto, minó poco a poco la opción de la izquierda democrática y, este fracaso, creó las condiciones para que en los siguientes 30 años los peruanos sufrieramos el imperio de la derecha nuestra, pacata, ignara, huachafa, violenta, corrupta y antinacional.
Esta etapa ha terminado. Todo parece indicar que el pueblo peruano está despertando de su letargo y se niega a seguir siendo manipulado por los fariseos de siempre. Por este nuevo amanecer, y por nuestros hijos, por los niños peruanos de hoy y por los que vendrán, este domingo todos debemos votar por el futuro, por nuevas políticas para nuestra sufrida sociedad, más democraticas, modernas e inclusivas, menos racistas, más respetuosas del ser humano.
Votemos por Susana Villarán, a quien no conozco personalmente, pero que es, sin duda alguna, quien mejor representa, hoy entre nosotros, estos nuevos valores. Lo prueban la avalancha de ataques taimados que está sufriendo de parte de los medios que sirven los intereses de quienes siempre privilegiaron su bolsillo antes que la salud o la educación del pueblo peruano. Esto me basta.
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sábado, 11 de septiembre de 2010

LA CONCIENCIA, LA MEMORIA Y LA IMPUNIDAD

FRENTE AL INICUO DECRETO 1097

Por Alfredo Pita
En un clima que creíamos superado, de manipulación de la opinión y de explotación de los miedos que aún genera el terrorismo, el gobierno peruano y sus adláteres se están esforzando por montar un marco legal que sustituya leyes actualmente vigentes, con el propósito de garantizar la impunidad de criminales que cometieron, en las últimas décadas, en medio de la lucha contra la subversión, delitos de lesa humanidad contra la población.
No se puede interpretar de otro modo la aprobación de instrumentos como el Decreto 1097, que busca anular en forma elusiva y taimada –por el tiempo transcurrido, por falta de pruebas o por otras razones mañosas— los procesos en marcha contra militares que violaron los derechos humanos durante la guerra interna. Estamos ante un claro intento de iniciar, e imponer, un proceso de impunidad más amplio de lo que parece, que beneficie a estos procesados y a otros, que aún no lo están, por delitos similares.


Unos 123 campesinos, entre ellos mujeres y niños, fueron masacrados por el ejército en Putis, en 1984, y enterrados en fosas comunes, en una de las mayores matanzas de civiles durante el conflicto interno peruano. Foto BBC Mundo.

Como si no bastara con la inaplicación de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que debieron precisamente haberse aplicado para que nuestra sociedad superase los traumas de la guerra interna y los heredados de la historia, traumas estos últimos que permitieron el desmadre de la violencia de los 80 y 90, ahora tenemos que en el Perú hay autoridades que quieren reeditar la Ley de Punto Final argentina y otros engendros legislativos del mismo corte.
El caso es que, como lo han demostrado los casos argentino y chileno, y otros, por más que se intente cercenar la memoria de los pueblos, ésta siempre permanece, y, le pese a quien le pese, al final siempre impone la sanción que los crímenes merecen. De nada servirá barrer pues, como se intenta ahora, la basura bajo la alfombra con decretos fraguados por intrigantes y tinterillos. A la larga, la sanción, impuesta por la justicia peruana o por los tribunales supranacionales competentes, caerá sobre los responsables, puesto que los crímenes de lesa humanidad son internacionalmente imprescriptibles.
Si por el particular carácter de las instituciones peruanas, o por alguna otra falla, los criminales al final lograran burlar la sanción, ésta de todos modos llegará, porque la memoria colectiva, y selectiva, se encargará de alimentar a la Historia. Los criminales de todos modos serán sancionados, aunque sea moralmente, de cara al futuro.

En agosto de 2009, familiares de las víctimas de la masacre cometida en Putis, trasladaron los restos de 92 civiles hacia su sepultura definitiva. Foto BBC Mundo.

Durante la guerra interna, las fuerzas armadas se enfrentaron a las bandas terroristas y las derrotaron. El problema es que, en este empeño, muchos militares secuestraron, torturaron, violaron, asesinaron y desaparecieron a miles de civiles peruanos inocentes, campesinos quechuahablantes en su mayoría. Ni la sociedad ni los militares peruanos tendrán paz ni futuro si las fuerzas armadas y el poder no deslindan y rompen con este pasado, pidiendo perdón a las víctimas en primer lugar. Todo esfuerzo en sentido contrario no sólo será una farsa sino también otro crimen.
El escándalo del Decreto 1097 está provocando en el país fuertes reacciones individuales e institucionales, y no es para menos. El Perú y los sectores conscientes de la sociedad peruana están otra vez en un momento decisivo de la historia. Estamos ante un momento de quiebre no sólo político sino moral, que afecta a toda la colectividad nacional, por lo que el deber de todo ciudadano peruano informado y responsable es alzar la voz y decir lo que nos dicta la conciencia.
Ante esto, quisiera dirigirme al “gremio” de los escritores, por llamarlo de algún modo. Los escritores peruanos, y los creadores en general, debemos ponernos de pie en esta hora, tan numerosos como podamos, para protestar por estas maniobras indignas de la democracia que se dice que vivimos.
En una sociedad como la peruana actual, en que la incultura es cultivada con ahínco, para manipular precisamente a las masas adormecidas, la voz de los intelectuales, de los que se supone entienden mejor lo que pasa, debe alzarse para alertar a nuestros conciudadanos. Esta actitud cívica es hoy más que nunca necesaria. Callar ante los hechos que vemos es arriesgar, como en los años 80, pasar por ingenuos, por interesados o por cómplices.

París, 10 de septiembre 2010.


sábado, 10 de enero de 2009

LOS NIÑOS DE GAZA

CARTA A UNA AMIGA

París, 4 de enero 2009

Querida Gabriela:
Me envías algunos enlaces de información que te agradezco. Como sabes, por mi actividad estoy algo al tanto de cómo son las cosas en Medio Oriente, pero siempre se aprende.
En el caso del conflicto israelo-palestino, hoy, frente a la sangre que sin testigos corre en Gaza, debo decirte que sé que el dolor y la muerte han golpeado desde el comienzo a los inocentes -como a tu familia, por ejemplo-; pero sé también que, desde el comienzo, la causa del mal es la injusticia y lo poco que se ha hecho por repararla. ¿Quienes son los culpables?, se preguntan quienes con frecuencia no quieren encontrar respuestas. La causa del mal es la injusticia, sí, pero además está el hecho clamoroso de que todo intento de ir hacia una solución justa y negociada -con los interlocutores posibles, no con los ideales- ha sido saboteada a conciencia, incluso recurriendo al asesinato. Pienso en Isaac Rabin.
En estas condiciones, por qué vamos a negarlo, por cuatro décadas ya, el mal viene siendo sembrado por los fanáticos de ambas partes y nadie intelectualmente honesto puede pretender que los culpables se encuentran de un sólo lado. Como les decía la otra noche -a ti y a Enrique, amigos queridos- , yo no estoy, en absoluto, a favor del terrorismo, ni porque los fanáticos de Hamas tengan el derecho de lanzar cohetes sobre la población civil israelí; pero, por la misma razón, no puedo estar de acuerdo con que los halcones que trazan la estrategia político-militar israelí sigan jugando a exacerbar la locura de los terroristas para mejor aplastarlos después, en masa, sin reparar en las víctimas que su represión -ciega, desproporcionada y técnicamente ultrasofisticada-, deja entre los civiles inocentes, incluidos niños y mujeres.
Les decía la otra noche que ver como muere tanto niño palestino en medio de la batalla absurda de Gaza me era insoportable. Nadie tiene derecho, ni en un lado ni en otro, a tocar la vida de un niño, sea éste palestino o israelí, nadie. Un niño es sagrado, es la vida prometida e indefensa. Aceptar la muerte deliberada de decenas, e incluso centenas, de niños como un costo de guerra, por colateral que sea, es algo monstruoso, un acto de barbarie pura. ¿Tragedias como la guerra en Irak nos han encallecido tanto el corazón que hoy podemos contemplar la masacre de niños sin inmutarnos?
Ayer eran los kamikazes palestinos haciéndose volar en medio de cafés o autobuses israelíes, ahora son los halcones israelíes que han lanzado su poderosa aviación sobre la población de Gaza; el caso es que los locos de ambos lados matan niños sin pestañear, sin que se les vaya el apetito ni se les altere una fibra del pecho. ¿Es esto aceptable? ¿Vamos a seguir, por la eternidad, soportando que los hombres traten así a los hombres? Es hora de decir basta, de que los hombres y mujeres justos, donde los haya, se levanten y digan "¡Alto!". Mañana nadie podrá decir "yo no sabía".
Sé de la complejidad de la situación, sé del dolor y el desgarro moral que provoca en gente como ustedes lo que está ocurriendo hoy -como lo ocurrido en Líbano en 2007 y, antes, en 1982-, sé del malestar que hoy sienten israelíes íntegros como nuestra querida Ada (una "lojamim leshalom", una combatiente por la paz*), israelíes, e israelitas, conscientes del papel que una cultura como la suya debería cumplir en el mundo, lejos de las armas y de la matanza. Son una minoría de disidentes, pero están allí, salvando el honor de su pueblo. Una minoría valiente y humana que merece ser respaldada para que pueda persistir en su acción moral y política.
Esta convicción me hace estar absolutamente de su lado, del lado de toda persona, sea cual sea su cultura o religión, que reclame la paz, la justicia, el respeto de los valores y los derechos humanos básicos y el retorno de la cordura en esa triste y kafkiana región del mundo. Por esto apoyo las actitudes valientes, ejemplares, que surgen de sus filas, de gente como Daniel Barenboim, o, años atrás, del gran Yehude Menuhin. No sé si has leído lo que ha escrito Baremboim sobre la situación actual. Te adjunto un enlace, léelo, por favor. Estoy totalmente de acuerdo con él.
Con el cariño y el fuerte abrazo de siempre,

Alfredo Pita

Enlace a la carta del director de orquesta Daniel Barenboim, publicada en El País (España), el 31 de diciembre de 2008 (Ver el anterior post).

* Ver esta dirección: Televisión social israelí


viernes, 9 de enero de 2009

BARENBOIM Y LOS BOMBARDEOS DE GAZA

Carta abierta del director de orquesta hispanoargentino Daniel Barenboim, publicada poco después del inicio de los bombardeos de Israel en Gaza.

El País, España, 31/12/2008

ANÁLISIS: El conflicto de Oriente Próximo

GAZA Y EL AÑO NUEVO
Por Daniel Barenboim
Sólo tengo tres deseos para el próximo año. El primero de ellos es que el Gobierno israelí se dé cuenta de una vez por todas de que el conflicto en Oriente Próximo no puede ser resuelto por la vía militar. El segundo es para que Hamás tenga presente que sus intereses no se imponen con la violencia, y que Israel está aquí para quedarse. El tercero es para que el mundo reconozca que este conflicto no tiene parangón en la Historia. Es complejo y delicado; es un conflicto humano entre dos personas profundamente convencidas de su derecho a vivir en el mismo y minúsculo pedazo de tierra. Es por esto que ninguna diplomacia o acción militar puede resolver este conflicto.
Los hechos de los días pasados me preocupan en exceso por muchos motivos humanos y políticos. Es evidente que Israel tiene el derecho a defenderse, que no puede y no debe tolerar los continuos ataques con misil en contra de sus ciudadanos, pero el incesante y brutal bombardeo del Ejército israelí en Gaza me ha despertado algunas interrogantes.
La primera pregunta es ¿tiene derecho el Gobierno israelí a culpar a todos los palestinos por las acciones de Hamás? ¿Debe ser culpable toda la población de Gaza por los pecados de un grupo terrorista? Nosotros los judíos, debemos saber y sentir más agudamente que otras poblaciones lo inaceptable e inhumano del asesinato de civiles inocentes. El Ejército israelí ha argumentado pobremente que la franja de Gaza está tan superpoblada que es imposible evitar la muerte de civiles durante los ataques.

Nuevas preguntas

La debilidad del argumento me lleva a formular nuevas preguntas: ¿Si la muerte de civiles es inevitable, cuál es el propósito del bombardeo? ¿Cuál es -si la hay- la lógica de la violencia y qué espera lograr Israel a través de ella? Si el objetivo de la ofensiva es destruir a Hamás, la pregunta más importante es si esto es una meta alcanzable. Si no, los bombardeos no son sólo crueles, bárbaros y reprensibles, sino también absurdos.
Si, por otro lado, es realmente posible destruir a Hamás con operaciones militares, ¿cómo imagina Israel la reacción en Gaza después de ello? Un millón y medio de residentes de la Franja no se arrodillarán reverencialmente ante el poderío del Ejército israelí. No debemos olvidar que antes de que los palestinos eligieran a Hamás, Israel los apoyaba en una táctica para debilitar a Arafat. La historia reciente de Israel me lleva a creer que si Hamás es bombardeado hasta su desaparición, otro grupo ocupará su sitio, una formación más radical, más violenta y más llena de odio hacia Israel.
Israel no puede permitirse una derrota militar por miedo a desaparecer del mapa, pero la Historia ha probado que toda victoria militar ha debilitado políticamente a Israel por la aparición de grupos radicales. No subestimo la dificultad de las decisiones que debe de tomar el Gobierno israelí a diario, ni subestimo la importancia de la seguridad de Israel. No obstante, me aferro a mi convicción de que el único plan viable para la seguridad de Israel es ganarse la aceptación de todos sus vecinos. Deseo que en 2009 regrese la inteligencia siempre atribuida a los judíos. Deseo el regreso de la sabiduría del rey Salomón para que aquellos que toman decisiones en Israel la usen para entender que los palestinos e israelíes tienen los mismos derechos humanos.
La violencia palestina atormenta a Israel y no sirve a la causa; la venganza militar de Israel es inhumana, inmoral y no garantiza la seguridad. Como he dicho anteriormente, los destinos de dos personas cuyos destinos están relacionados inextricablemente, lo que les obliga a vivir lado a lado. Son ellos los que deciden si quieren hacer de esto una bendición o una maldición.

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Fuente: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Gaza/Ano/Nuevo/elpepuint/20081231elpepuint_5/Tes

martes, 3 de junio de 2008

CENTRO DE LIMA: EL INFIERNO EN "EL AVERNO"

El texto que sigue -un mensaje que me ha hecho llegar el poeta Juan Cristobal- no necesita mayores comentarios. Este es el clima que alguna autoridad delirante, en el Perú, está creando por su cuenta, o bien mandada, con el objetivo supuesto de sembrar en el espíritu de los peruanos la idea de que hay gente que trabaja por su seguridad, por la paz, por el orden... Y, ¿qué hace esta autoridad? ¡Pues envía pelotones policiales a sembrar el desconcierto, la violencia y el amedrentamiento en los bares y centros culturales que frecuentan los poetas! Esta autoridad, menudo favor le está haciendo al poder, o a los poderes, que cree servir.

¿QUE ESTÁ PASANDO EN EL PERÚ?
¿POR QUÉ AHORA LA POLICÍA SE DEDICA A HOSTIGAR A LOS POETAS?

TESTIMONIO DEL POETA JUAN CRISTOBAL SOBRE LOS SUCESOS DEL VIERNES 23 DE MAYO 2008 EN EL CENTRO CULTURAL "EL AVERNO", EN EL CENTRO DE LIMA.

Días antes del suceso, hablando con Jorge Luis Roncal, del Gremio de Escritores, le planteé que en el particular momento que vivimos debía haber una coordinación entre las instituciones culturales, en torno a puntos concretos y de manera horizontal.
Le sugerí una reunión con el Pen del Perú (que preside Tulio Mora), con los Viernes Literarios (Juan Benavente), antes de ver a otras agrupaciones. Roncal aceptó mi propuesta, por lo que pedí a Tulio y a Rosina Valcárcel que nos reuniéramos para informarles de la idea y para formular una propuesta. Lo mismo hice con Benavente.
Acordamos con Tulio y Rosina reunirnos ese viernes a las 5 pm en casa de Rosina, quien finalmente, por razones familiares, no estuvo disponible, por lo que Tulio planteó la postergación de la cita.
Aún me quedaba la posibilidad de ir al centro de Lima a buscar a Benavente. Mi interés surgía de mi convicción de que una coordinación cultural, de llegarse a un acuerdo, sería algo importante para todos.
Ubiqué a Benavente y conversamos un buen rato. Al final, después de preguntas y respuestas, estuvo de acuerdo con la posible y futura reunión. Al salir nos encontramos con Teófilo Gutiérrez, con quien también dialogamos, antes de dirigirnos a El Averno.
Sabía que en semanas anteriores, en El Averno había habido dos intervenciones policiales, por lo que quería saber cómo se habían dado los hechos. Mi intención era conversar con algunas personas al respecto. No sabía que también yo iba a ser testigo. Me encontraba en el local ya una media hora (serian las 10.15 pm) cuando llegó un grupo de unos diez policías amenazantes. Curiosamente, también había gente del serenazgo del Municipio de Lima, igualmente en postura agresiva.
Al comienzo la gente de la puerta les impidió la entrada, pero finalmente la dotación policial entró por la fuerza. Vi como agredían al gerente del local y a su esposa, a quienes hasta esa noche no conocía. Frente a esto, intervine y me enfrente a los policías, quienes también me agredieron a varazos. Luego echaron varias bombas lacrimógenas al local, que, por ser pequeño, se volvió una trampa asfixiante. Si se suma a ello que yo soy asmático, el resultado del "tratamiento" fue que caí en un aturdimiento temporal. Felizmente alguien me retiró del lugar y me embarcó para mi casa. Este es mi recuerdo.
El balance físico es arduo. La recuperación me dura hasta ahora. Pasados los dolores abdominales del principio, que fueron intensos, así como el de las costillas, lo que más me está durando es un cuadro rinofaríngeo. En cuanto al balance político, está por hacerse.

sábado, 3 de mayo de 2008

TULIO MORA, TOLEDO Y 3 POEMAS

EL PAGO DE LA REPARACIÓN Y LOS ÁNGELES

Me escribe Tulio Mora, el viejo amigo, el primer condiscípulo que se me acercó en la Ciudad Universitaria de San Marcos, en aquel abril de los cachimbos de 1967. Él venía de Huancayo, yo del norte. "¿Tú escribes, no?", me dijo y me llevó a conocer a José, a Elqui, a Oscar, a Ana María, a todos los que ya conformaban por entonces el proyecto de la revista "Estación Reunida", que luego sería nuestro club implícito de bohemia adolescente, más que grupo.
En los años siguientes, Tulio adhirió a "Hora Zero" y se convirtió en uno de sus puntales, al tiempo que se dedicaba a sus diversos proyectos de promoción cultural.
Nada de esto le ha impedido una permanente participación y vigilancia cívica.
Me escribe unas líneas a propósito de una información, fechada en Berlín, según la cual el presidente Alejandro Toledo habría desechado una ayuda del gobierno alemán que le habría permitido empezar a pagar la reparación a las víctimas de la violencia, tal como lo recomendaba la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). Dice Tulio:
"Yo trabajé en su gobierno y me jacté de que el mismo fuera, aparte del de Paniagua, el único que mantuvo el respeto a los derechos humanos y de que él se marchara sin sangre en las manos. Hubo sólo dos muertos durante su gestión: el alcalde de Ilave y un estudiante universitario, también en Puno, pero esto último le costó el cargo al general que sacó a la tropa.
Sería realmente lamentable (la información sobre la ayuda alemana, nota mía) y hay que sacarla a la luz para desenmascararlo".
Pasando a su trabajo literario, Tulio me alcanza tres poemas inéditos -formidables, a mi juicio-, que están dedicados al poeta puneño Carlos Oquendo de Amat, "el ángel detrás de la lluvia", y a dos amigos comunes nuestros, al querido José Antonio Ríos, "el ángel turbulento", y al poeta infrarrealista mexicano Mario Santiago, "el ángel en las pelusas de la noche". Los comparto con los lectores:


ÁNGELES DETRÁS DE LA LLUVIA

Tulio Mora

Pues muertos están los ángeles y ciego se quedó el Señor.
Paul Celan


CARLOS OQUENDO DE AMAT
EL ÁNGEL DETRÁS LA LLUVIA

Yo sé que tú estás esperándome detrás de la lluvia.
C. O. A.
En ese sueño Oquendo mira tras la lluvia su tortura. Lo visten
de overol y encogido en un barril emite el suspiro más horrendo.
Tiene el agua que lo enturbia rencor de ladrillo y pasadizo,

los cables desprenden un arco voltaico entre sus plumas,
el agitado relumbrón de la lámpara duplica las plegadas alas
sucias de abono y melancolía. Crece bajo pan de estrella

un llanto de tuba, muecas de martirio, silencio impío. El ángel
se sale de su funda, entra en el dolor de Oquendo, le borra
la flacura como borra el contacto de tu cuerpo la marca del jabón.

Luce ahora terno gris -Oquendo, o sea el ángel- y al pie del lago
baila tangos. Hay en ese asomo de sonrisa un mapa que siempre
lo conduce a dormir en la vacía banca de una iglesia, a una batalla

de pistoleros en la frontera, a los plátanos de una danza erótica
que la ballerina arroja a la platea y Oquendo, el ángel demacrado,
los devora. Flores en la balanza pesan lo que su limbo entero,

moretones en la piel y la tos manchada, tos de cueva, a escondidas,
de vergüenza pura. La madre bebe ron de quemar o trementina,
se frota la sortija, tizas (o plumones) de colores decoran la pizarra:

palabras de incontenido ardor, lo que se mira es lo que se piensa
es lo que se siente, un paisaje sentimental. El ángel vanguardista
calza de lejos. Poemas son avisos comerciales: con sus tubos

rojos, en lo espigado de la ciudad, anuncia elefantes ortopédicos
y caen manzanas del bigote del aviador. Sólo por el afecto de trazar
itinerario a la ironía, imagina al mariscal Benavides en el teléfono:

¿qué diámetro desea para su barril? ¿Cuántos kilovatios toleran
sus indefensos testículos? ¿Ha pensado en un desodorante mientras
lo cuelgan en el potro? Ademanes ascendentes, toses de ocasión

y vocación. Si riera el ángel cuando menos podría Oquendo
perdonar a Oquendo. Algo cae de sus brazos: el padre, bellísimo
en su intransigencia, contempla al obispo del Ku Klux Klan

que convoca a las mesnadas y brilla la casa del doctor afrancesado
con hachas de fuego feudal. Esa madrugada le viene a la memoria,
viento atracado en la zampoña, resuellos de carrizo apuran

la fuga familiar. El padre: lo dejé en la ventana, la madre: su foto
era un intento de suicidio, los amigos: no era un ladrón de frutas
pero estuvo a un pelo. Y ¿tiene usted una vara de eucalipto para

escribir en las arenas claras esa confianza de salir de la prisión
ni delator ni delatado? Los que fueron a su tumba: el cantinero
derramó, sobre una torre de copas de champán, la cascada

mineral que bebimos en su honor. Muy Oquendo, muy virrey,
un comunista señorial sin cama y con el pulso de esos pasajeros
que viajan colgados de sus caligramas. Una mirada (muy francesa)

remedando y remendando el mundo. Habría que salir del polvo
de sus tizas de colores para comprender ese consuelo de arquitecto:
grandes avenidas, bocinazos, alegría aun en policías de un azul

apuesto. Lo moderno, nuestra mierda nacional, royéndole los pocos
bronquios, el poco dedo que rozó las teclas de la máquina
Underwood. Y lo tangible, lo medible, lo pesable: 5 metros,

por ejemplo, es la extensión del traje que ocupó siempre a deshora.
El ángel que ahora bañan, tan Oquendo como el patio donde
una muchacha prende un cine, un cisne en su mejilla, pasa en limpio

sus poemas en papel japón. Llueve siempre, llueve inmaterial, pero
ya no llueve limpio. Y a gritos se derrama en la ablución punible.
Ser casi de verdad, castigo en tanta ala, comedor cansado

en plato de brisa. Un testigo: bueno, uno es peruano y tiene
su accidente policial, ¿qué Oquendo no es un ángel a la hora
de mostrar sus documentos? Y sin embargo se pinta golondrinas

en las cejas, se toca el pulso, registra los grados de la fiebre,
cuida sus esputos. Papelitos impecables, servilletas de lujoso hotel
doblados con esmero se llevan la escritura del pulmón ferido.

Una enfermedad de siglo, agrega el mariscal, una cifra, asiente
con una reverencia escoria obispo, que ya catorce mil Oquendos
pasan por el mismo pasadizo antes de leer poemas acéntricos.

Cierto, algo nos afilia a su mueca compasiva. Hay en el ángel
con anteojos rayos láser una mirada que picotea en el futuro,
eso es poesía acéntrica, la ciudad de letreros invertidos: prohíbe la tristeza,

en el hotel del Grito repinta el fajín del horizonte, lee con prisa
los diarios del año 2100, ¡un doctor, un doctor! (llama a su padre),
receta píldoras de mar y riega a la luna en la maceta. Construir otro

cielo, qué tal locura modernista. Usted dirá, ¿por qué no?, era un poeta,
¡está mintiendo!, grita el prefecto de Arequipa con su diente de oro,
¡nombres, nombres!, las oxidadas paletas del ventilador dan rienda

a su concierto. Pasemos del barril a Puno, a esa foto donde baila
el tango de su última sonrisa. No ha regresado allí desde
su infancia, padre/madre, la heredad en latas de humo, nada

ha quedado, salvo avispa obispo, el futuro salta cojo entre los surcos.
Su primo: reía en un chorrito, la novia junto al auto: le gustaba
conversar con viejas lavanderas, un soldado: lo andaban persiguiendo

desde Oruro. En esa danza va en arcángel a espantar al diablo
macho, al diablo diablo, craneando descolgar sus tizas,
remojar al sol en una frase de ríos bondadosos, recordando

al cronista policial que obsequia al carterista la ternura del apache
y a Tom Mix la cabalgata recia en auto patrullero. Otro aviso
comercial: relojes anudados a despreocupadas rosas y cae, cae, cae

el ángel del piso 25 y en todas las ventanas Oquendo lo despide
casi feliz, casi perdiz, al alquiler de la mañana, en vals de trenzas,
de tarjetas, de nostalgias. Y Mary Pickford besándole los ojos.

¿Era feliz?, se disculpa el mariscal, ¿era lombriz?, mete su cuchara
escombro obispo. Pero entonces lee la carta: otra muerte, otro
padre, otra tos que resbalar por los pañuelos perfumados del salón.

Suena el fox-trot en esa mancha sin sílabas que brota de su sangre.
Padre, se repite, viendo la foto del sepelio, los números de Amauta,
la silla de ruedas donde lame un gato la sombra de Mariátegui.

Quizá el otro ángel amputado lo vio con ojos nuevos, atado a las rejas
de un jardín de espejos. ¿Oquendo?, cuídese esa tos, deje a los obreros
con su gorra a cuadros capturar el cielo, concluya usted el verso

que dejó colgado en la falda de las chicas. Pero ya caen al barril pumas
e indios con sus botas de oro, la madre con su nombre lento y sus músicas
humildes. El ángel de la lluvia cruje, Oquendo entra al sueño verdadero.



JOSÉ A. RÍOS
EL ÁNGEL TURBULENTO

Los voy a buscar hasta el infierno.
J. A. R.
Al ángel turbulento la noche le parece residir
al interior de una botella rota. A sus 20 años
él y los ángeles cuatreros ya se pintan con el rojo

bandera de las emboscadas, en forros de dudosa
referencia a dogmas que acumulan capítulos
de muerte, pichones de la hoguera donde -esa es

la artera partera de la innoble gloria- más arderán
en masa, en mesa de naufragios, en misa de labios
arrancados. Malos sueños, rabia desvestida,

postergaciones del deseo bajo amenaza
de una clonación del tiempo pervertido
contra inclementes profecías. Un auto

se marchita en esa luz de menta donde las armas
pesan lo que ausentan, fogonazos y sorderas,
la cremación en grandes hornos industriales.

Una sola certeza: el ángel del abismo, de idioma
fronterizo y arrojado a la ambigüedad,
por puro instinto huye por zaguanes hacia atrás

donde ya todo le ha ocurrido. Nadie más
turbio que él, murmulla él de sí en el aire
enrarecido por los grillos y el verano yendo

por ese torbellino hacia las cuentas pendientes
que se arreglan, como en el cine, con disparos y falsos
pasaportes. Al bronco alborotado el minúsculo

montón de cálidas coartadas y esas mañas
sin mañanas que se pesan por atroz revelación.
Planos de bancos asaltados, tiroteos en playas

pedregosas, épicas que atizar con disolvencias
de luz, desasidas crujen las bisagras de la historia
y no pasan más los pájaros por su cielo de agua

tibia -si es que tiene cielo- donde él sueña reposar
con mancebos mondados y montados. Corvas dunas
del insomnio siempre similar, como dos gotas

de ron, se piensa de quien grito y garabato
escribe de la bruma cuando da con su memoria
condenas de sí solo, saliendo al mundo

como de una madriguera. Un perro terminal.
Con mano que acaso acariciara sus propias
perforaciones de la fe, y no este anticipo

del gran río de una tragedia inacabable,
en descampado incendio traza el círculo virtual
de la zozobra: ¿apenas somos la copia desgastada

de un mismo rencor? ¿Lo que quisiéramos
precipitar tiene una sola derrota y todas las traiciones?
¿En qué volcán recién parido ahogaremos al sol

del exterminio? El ángel turbulento mira de reojo
la última acuarela de Lima, extraviado en afilado
rayo y sabiendo que asiste al entierro del futuro.

Por eso petardea al luto de la madrugada
decorándola con el destello de una estrella
delatora. A él, el ángel turbulento, de pellejo

duro y ronquera del infierno, a él y los otros
gavilleros de aromados sobrenombres
que en el mapa de las conspiraciones pretendían

degollar al animal destino, los prendedores
del peor remordimiento. ¿Así todo arrancó, así todo
mancó? Claro, aún puede decir -pero ahora está

en Varadero escurriendo en el cuerpo de arena
de un miliciano una afrenta inmerecida-: si escarbo
hacia adelante más muertos danzan y no los lloran

ni la lluvia del reposo ni el responso de la revolución.
Solitario de todas las cantinas, de risa desbocada
y apacible furia que jamás lo desocupa

destrenza de las eras proscritas inocencias. Un ángel
de esquina alerta ante las cercanas ululaciones
de patrulleros y redadas. ¿Enero? Siempre fue enero

para él, leal a toda despatriada sombra. Así quedó
bajo nubes mariconas, asolapadas en la eterna sospecha
pero siempre de intacto júbilo y con toda su fragilidad

salvaje. Ya en París, muchos años después,
con la tribu de los saqueadores del barrio XVI,
se reconocería el inquilino travestido de Polanski

borroneando la imagen de la misma noche:
filósofos de ironía comedida, abogados de crispados
laberintos, poetas renegados de nostalgia, con ellos

traspirando invariables pesadillas. Todos duraron
lo que ya se está muriendo, yéndose por el mismo
callejón con los ariscos a ese punto en que el espejo

lame el océano de otra sangre. Lo veo inmóvil
en esa secuencia de un poste resplandeciente
de polillas donde el gángster se toca el corazón

y sabe que aún sobreviviente ya no es él, ni siquiera
girando el tambor de su pistola o de un recuerdo
moribundo. El de erráticos arranques, con sus bromas

vocingleras, piensa desde entonces y siempre
sin remanso, trascribiendo a control remoto
este presentimiento: el asma de su discordia

ya tuvo una infancia demolida y contra él mismo
vuelve a echar la venganza de esa iniquidad
incitando las batallas de su alma a una aspereza injusta.

Callos de la suerte, después surcos, billetes
suspendidos en la niebla, una pericia policial.
Perro peripecia errando por todos los costados

del fracaso, sí, hay un cielo que tumbar, pero
¿cuándo y para qué? Fue en enero, en ese mes
ladrón de sol y noches sin anestesia. Tres tristezas

le bastaron como imagen del mundo. Ahora
muerto el ángel turbulento y sus amantes
se van de aguas a un bar de espejos redimidos.


MARIO SANTIAGO
EL ÁNGEL EN LAS PELUSAS DE LA NOCHE

Aquí está el poeta surgido quién sabe de qué oscuro vientre
M. S.
Echado entre sus libros, con una fractura en la clavícula,
Mario se ve rodando por los escalones de mármol
del palacio de Bellas Artes: ganosa, gansosa de un crimen

de letras, la poesía mexicana se defiende. Una navaja
reluce bajo el solemne faro de su fama y el agridulce autista
es expulsado por su lengua de Pachuco saltando entre

las mesas del Blanquita, como habría hecho Tin Tan o Marcos
sin pasamontañas. Aspira pegamento en una bolsa bajo
el consuelo de la luna cuernilarga, meciéndose en una cúpula

radiante: el símbolo que estorba en esa arquitectura sin revés.
Le aburre el entramado simétrico del techo, él hubiera
preferido un caos de telaraña. Piensa en Euclides, según

la venganza de Harry Martinson, midiendo las losetas cuadradas
del infierno, “el país plano de la maldad”. ¿No existe acaso
ese país, el padre que elige la coartada de la ausencia o del pasado

para negar al poeta renacuajo -mezcla de perro venusino
& caracol marciano-, su lengua de carnales y rascuaches?
Estuches de casetes dispersos son vagones de un tren

descarrilado, la liebre desinflada del colchón al centro
de la sala, paredes enchapadas de madera y un pino
raquítico creciendo en un barril de la azotea. ¿Morrison

o Jagger?, husmean los lobos penitentes en las pelusas
de la noche. No en el techo, sino en el vacío que arruma
una guitarra, como una religión, Mario raspa el aire:

al estallar el verso un lustrabotas cruza la amplia aduana
de la divinidad. En esa danza travestida del albur gotean
el mezcal y su gusano, hay hornacinas art nouveau

de yeso -¿para poetas premiados, aplaudidos, becados
por la revolución?- y ladra el perro de la Virgen Anaranjada
antes de correr por las paredes como un motociclista

de circo. La mansedumbre en una nube, esa concreta
noche de Tepito: smog, escarcha, ríos de sandía.
Vibra el piso de madera ante el paso de un avión,

es el pequeño dije que se cuela por los trazos
de su lapicero sobre un cuaderno de caligrafía: así
emergen sus poemas hijas drogas del drogo de quien

viene, las migajas-hoguera de su pan galáctico,
rayando, subrayando a la pantera que de un salto
desciende de un camión antes de cruzar el aro de la noche

striptisera. El ojo -y la lengua- atrapados en esa trampa
urbana no pasan por el adn ceremonial de la poesía
mexicana. Ergo: alguien, sobra y sombra, histrión de hueso

sobre hueso, en la lerda Enciclopedia de la Amnesia
no registrará jamás el ácido semen de su nombre.
Un patrullero brama en la ciudad donde el haikú

se graba en la enyesada pierna, menos que luciérnagas
afuera brillan el vidrio y la navaja. ¿Tiene caso
despachar del alma otro sentido? El amoroso desmadrado

recuerda a la muchacha que fue rastreando desde
el metro de París hasta un kibutz de Hebrón, pero antes,
y en su nombre, bajo las exactas campanas de Viena,

escribió prolijos expedientes para una potencia
de la Guerra Fría. Ángeles de pulquería, las moscas
de su sueño se duplican, estorba el signo en la clavícula

pagana, otro hueso, otra espina renuevan su belleza
en esa playa donde la espuma es la escritura inútil
que se lame de la misma nostalgia: un beso eterno.

Cómo interpretar una poética de rasurar tunales, qué
engranaje del discurso muerde el corazón de Wirikuta:
la gorda madona mercantil (&), la cifra (1) que refunde

el sexo del artículo, el verbo tromba en las ovejas
ramoneando su lanuda suerte en el último arroyo de Tlalpan.
Entras en su patria y es el zaguán de los milagros invertidos,

maya trascribiendo el Ciclo Incierto de la Transa
y la evasión masiva por las púas (/) de Tijuana,
cuádruples puntos (::) en el lampiño coyote de la migra.

El grado cero paradero en el pronóstico sin tiempo.
Mario Santiago, hay veces que la tierra se sacude
las escamas y las nuevas pirámides se caen, naipes

de Tarot aplastados por la planta de un gigante, pasa
el huracán con su antifaz de narco y en la luna calva
de la Guadalupe montas a pelo el cráter del volcán.

Cero pues a la hora del incendio. El dolor ha rebrotado
mientras la arquera Diana, en la azotea, oxida sus senos
de forjado hierro en la puerta del inmóvil ascensor

desde los tiempos de Zapata, salta el polvo tras el bote
de una pelota de básket y zapatean los muchachos
vigorosamente, cantando alrededor del pino: “en mi

metro cuadrado no se mete nadie, estamos bailando
mi tragedia y yo”. Y las hojas de afeitar (azules,
descartables) reposan en el húmedo musgo de la ducha,

chapas de cerveza ruedan como los dados ruidosos
del Señor mientras el sobreviviente agradecido se faja
lentamente el hombro chivo de las expiaciones donde

la poesía mexicana ha blandido el sonoro mazazo
de la mafia. Agradecido de vivir, no de escribir, de no ser
electroshockeado/como su carnal más chavo, se siente

madre de su madre (el poeta abuela del venado),
arrumando cuadernos de blasfemias, donde su mirada
de alacrán o colibrí lava a la peña soledad de los ácidos

chubascos. En esa azotea de un palacio colonial, maniquíes
y puestos de comida al paso/al peso notarías, hay otra
diosa en la escalera de piedra, sudada, renegrida, cables

de luz son el tejido muscular en la botella de formol, otros
casetes -más himnos de Lou Reed- y menudos conejos
que olisquean lo que siempre dejas, Mario, hebras de tabaco

en los bolsillos, una sonrisa invicta y escogidas frases de la burla.
También la luna como bola de billar que traza una impecable
curva en el paño del desierto. Y en ese corazón la muerte no entra.


(Lima 1999-2008)